Quienes crecemos en los arrabales, somos marcados por el estigma, el rechazo y la exclusión del sistema y la sociedad. Nos ven como al nido de las clicas criminales, donde prolifera la drogadicción, las enfermedades venéreas y las familias disfuncionales. Nos ven como a la descomposición social que debe ser eliminada de tajo, con las limpiezas sociales y la pena de muerte. El nombre mara, los aterroriza, los asquea, los llena de estereotipos, cuando mara tiene su significado claro: familia. Ser de la mara es formar parte de una familia, como las tantas otras que conforman la humanidad.
Así crecí, yo vengo de un arrabal. Un arrabal que desde niña quisieron que escupiera y lo negara. Un arrabal del que quisieron que yo sintiera vergüenza. Un arrabal que quisieron que yo olvidara.
Por el contrario me aferré a él con uñas y dientes, mi expresión viene de su entraña, de su esencia, de su identidad. Yo soy arrabal.

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