dimecres, 13 de setembre del 2017

CHILE: Estamos en deuda con Salvador Allende


No sólo los humildes de nuestro país, sino los demócratas del mundo entero reconocen en Allende al líder que se propuso transformar a la sociedad chilena por medios pacíficos y respeto a las libertades públicas.

Fue triste y trágico el 11 de septiembre de 1973. Triste, porque Allende, el mejor de los nuestros, moría en La Moneda, acosado por la metralla de aviones y tanques chilenos. Hasta el último minuto de su vida defendía la república y ratificaba su promesa: “únicamente muerto impedirán que cumpla mi compromiso con el pueblo”. Trágico, porque con el golpe civil-militar se clausuraba abruptamente el ciclo de ascenso  del movimiento popular, que alcanzaría su máxima expresión con el gobierno de la Unidad Popular.



Se inauguró así un periodo oscuro, que impuso el crimen de Estado y que, al mismo tiempo,  decidió eliminar todos los derechos económicos, sociales y políticos, que el movimiento popular había conquistado durante largas décadas. Ello además quedó amarrado en la Constitución de 1980.

El gobierno de la Unidad Popular había instalado la esperanza de un mundo mejor. La nacionalización del cobre permitió recuperar los miles de millones de dólares que se llevaban al exterior las empresas transnacionales; la profundización de la reforma agraria hizo posible que campesinos y mapuches se beneficiaran de las tierras que trabajaban; el control público de la banca y de las empresas monopólicas quería terminar con la usura en el crédito y los precios injustos a los consumidores; las universidades ofrecieron educación a los obreros; y, el arte y la cultura alcanzaron alturas reconocidas internacionalmente. Se lo debemos a Salvador Allende.

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