Las ex Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) realizaron su último congreso en la ciudad de Bogotá y se constituyeron como partido político, dispuesto a participar en la vida democrática en un sistema donde el 1 por ciento más rico del país concentra el 20,5 por ciento de los ingresos totales, y donde la pobreza alcanza un 28 por ciento, es decir 13 millones de colombianas y colombianos.
La nueva FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), el nombre con el que disputarán el poder electoralmente, no abandonará su objetivo de cambiar la realidad de país, pero sí transformarán las formas: dejar las armas y tomar las urnas. En un momento histórico para toda Colombia, y también para el mundo, los desafíos que tiene por delante la ex guerrilla son enormes.
Durante el congreso, el nuevo partido denunció el “deterioro evidente del régimen existente”, la “corrupción sin límite” y que “el modelo económico imperante empobrece”. Con la constitución del nuevo partido político, se abre una opción electoral para la izquierda, relegada en las últimas contiendas nacionales. La FARC contará con una ventaja, porque en los próximos dos mandatos recibirá cinco senadores y cinco diputados sin importar el resultado que obtengan. Será una pequeña pero valiosa forma de empezar a jugar en la vida política tradicional, algo que nuca hicieron.

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