… Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra” (Discurso nobel, García Márquez; 1982).
Con estas palabras del nobel colombiano, que en 1982 resumían la situación del país teniendo una perfecta actualidad al día de hoy, el papa Francisco parecía resumir en su discurso en la plaza de armas del Palacio de Nariño, la intención y el propósito de su viaje a Colombia.
De su jornada por la capital de la República podemos concluir que Francisco ha sabido sorprender y de la manera más sencilla, sin imágenes elaboradas, ni discursos teológicos de extrema profundidad, ha sabido llegar a sus oyentes, como si hablara a puerta cerrada con cada uno de ellos.
Sus palabras a las jerarquías eclesiásticas han sido muy contundentes. Ha recalcado de manera directa que el papel de la iglesia en la situación actual no debe tener propósitos políticos, y ha advertido que en su lugar debe entrar en una franca misión, entendida esta como la salida de los despachos eclesiales hacia la cotidianidad de sus feligreses.
Su posición frente al sentido misional de la iglesia es una puesta al día con la realidad nacional y la solicitud de la serenidad y la buena disposición ante la adversidad.

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