dilluns, 4 de setembre del 2017

EUROPA: Una palabra tomada como rehén


En el discurso político y principalmente mediático, hay una palabra que se presta a todo tipo de desviación, incluso a todas las manipulaciones. Se trata de la palabra Europa. ¿De qué se está hablando, en realidad, al utilizarla? En su sentido original, el de los geógrafos, es la parte del mundo comprendida entre el océano Ártico al norte, el océano Atlántico al oeste, el Mediterráneo y la cordillera del Cáucaso al sur, el mar Caspio y el Ural al este.




Para razonar en términos políticos, la organización que mejor representa este conjunto es el Consejo de Europa (CE), creado en 1949, que reúne actualmente 47 Estados (entre los que se encuentran Rusia, Turquía y Ucrania). Tiene su sede en Estrasburgo. Sin embargo, dado que esta organización –de carácter intergubernamental– tiene competencias y recursos limitados, y por ende poca visibilidad, rápidamente perdió su función de representación de la Europa geográfica en beneficio de la Unión Europea (UE), la cual solamente cuenta con 28 Estados (todos ellos, por otra parte, miembros del CE), pero dispone de poderes considerables.

Por lo tanto, la UE no es “Europa”, en el sentido espacial del término, y es abusivo confundirlas. Dicho lo cual, esta usurpación semántica no disgusta a las instituciones de la UE, que pretenden adjudicarse el monopolio del uso de las “marcas” “Europa” y “europeo” como si las hubieran patentado… Pero, ¿a qué proyecto sirven estos vocablos? Sin duda no a la cooperación entre los países miembros y al respeto de sus diferencias, sino a la captación, por no decir a la toma como rehén de la idea europea por parte de instituciones –Comisión y Parlamento a la cabeza– que se comportan casi abiertamente como entidades extraterritoriales.

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