Por sus excelentes propiedades, el grafeno aspira a revolucionar no solo la industria, sino también nuestro día a día, con dispositivos de una flexibilidad sin precedentes. Pero antes de hacer historia tiene que enfrentarse al principal escollo: su baja rentabilidad. Científicos del proyecto europeo Gladiator presentan en la Graphene Week de Atenas una nueva técnica y una metodología que supervisa el crecimiento del grafeno para mejorar la calidad y reducir los costes de fabricación del material.
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| Pantalla flexible OLED desarrollada por HP y la Universidad Estatal de Arizona. |
Es flexible, prácticamente transparente, pesa poco y es un magnífico conductor tanto de electricidad como de calor. Por cualidades como estas, el grafeno se considera el material del futuro que promete transformar la industria tal y como la conocemos.
Para encontrar grafeno no hay que irse muy lejos, tan solo hay que mirar la punta de un lápiz. En un milímetro de grafito se agolpan tres millones de capas de este material, unas encima de otras. Para producirlo a mayor escala, una de las técnicas que se utilizan es la CVD (deposición química en fase de vapor), es decir la reacción de una mezcla de gases en el interior de una cámara de vacío que crea grafeno en una capa muy delgada.
Antes de que todo eso llegue, en el mercado ya existen productos que lo incorporan, sobre todo en el ámbito deportivo. Algunas ruedas de bicicletas, cascos de ciclistas, raquetas de tenis y esquís ya incluyen grafeno en su estructura para conseguir bajo peso con una sujeción más fuerte.

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