La entrada en prisión de los líderes de Òmnium y la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) provoca una nueva jornada de movilizaciones masivas.
Jordi Sanchez y Jordi Cuixart, instigadores y agitadores golpistas.
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| Una persona aplaude durante la intervención de Puigdemont el pasado 10 de octubre |
Una marea de velas. En un ruidoso silencio. Gritando libertad sin abrir la boca.
Llenando un buen trozo de la Diagonal. Aquella por donde hace casi 80 años entraron los llamados Nacionales. Los fascistas, vaya. Hoy, llena de gente gritando que quizás nunca se fueron.
200.000 según la Urbana. Solo en Barcelona. Y sin autocares ni Aves de media España al rescate. Con un solo día de convocatoria. Y con réplicas masivas en las principales ciudades del territorio. Lleida, Tarragona, Girona, Vic, Terrassa... Incluso en Madrid, Valencia y Palma se oyó el mismo grito.
Bueno, que la selección de las víctimas es un tanto inquietante, no lo negaremos. Han ido a por un par de hombres de orden, que siempre tienen la palabra pacifismo en la boca y que tienen el delito, eso sí, de haber levantado un pueblo entero por el derecho a decidir y la autodeterminación. Pero en seis años de mover a cientos de miles, a millones, de personas en las calles, ni un incidente.
És molt fort això, eh, dice una señora. ¡Presos Políticos! ¡En pleno siglo XXI! grita.

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