Es evidente que, para Donald Trump, la Organización de Naciones Unidas y en particular su instancia más representativa y democrática, la Asamblea General, son instituciones irrelevantes.
No obstante, el próximo 1º de noviembre, Cuba presentará una vez más ante la Asamblea General de la ONU, por vigésimo sexto año consecutivo, el proyecto de resolución sobre la “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos de América contra Cuba”.
Todo el mundo sabe que lo que ocurrirá en esta ocasión en la máxima instancia de las Naciones Unidas será más de lo mismo, porque así lo adelantaron los discursos que pronunciaron en días recientes en Nueva York varios presidentes, primeros ministros y cancilleres de los cinco continentes que coincidieron en condenar a Estados Unidos como ejecutor del bloqueo a Cuba, la violación de los derechos humanos más grande que sufriera el continente americano en el pasado siglo.

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