diumenge, 1 d’octubre del 2017

La democracia de lo posible


Aristóteles, uno de los filósofos old school con más tirón por aquí abajo, dejó escrito que la política es el arte de lo posible. Lo que pasa es que se olvidó pintar la frontera donde acaba ese campo y empieza, digamos, lo inalcanzable. Sabemos que no podemos legislar sobre la velocidad de la gravedad ni podemos reglamentar las horas de luz del día, pero hay zonas fronterizas entre lo imaginable y lo imposible que no tenemos delimitadas. 


Guardias civiles de la Comandancia de Alicante partiendo hacia Catalunya por el 1-O


En la corriente de opinión Defensores de La Consti sí lo tienen bastante clarito: lo posible es únicamente lo que cabe en un texto redactado a catorce manos por siete próceres. No recuerdo que haya sido dictado por una zarza en llamas en el desierto, pero para esta corriente este texto es perfecto, inapelable, síntesis de los auténticos e incorregibles valores democráticos. Fuera de La Consti no hay nada, nada legal, nada políticamente posible. 

Cierto es que no oímos a esta corriente rasgarse las vestiduras cuando fueron desahuciadas millones de personas y existían aún más millones de viviendas vacías, a pesar de que el art. 47 de La Consti nos concede derecho a tener una casita digna. Tampoco les he oído exigir todo el peso de la ley contra los bancos –que nos han levantado al menos 40.000 millones, cuatro millones de salarios mínimos anuales y al atraco le llamaron préstamo en condiciones favorables– a pesar de que el art. 28 dice que toda la riqueza debe estar subordinada al interés general. De este se ríen desde los corruptos hasta los saqueadores de plusvalías más afamados del país (los menos afamados también) cuando firman sus rimbombantes manifiestos pro Consti.

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