Pero como presidente del Instituto del Desarrollo Indígena (ILDI) asegura que no le sorprende su asesinato. “Tanto Argentina como Chile mantienen un conflicto histórico con mi pueblo por la usurpación de tierras que, a menudo, tratan de resolver con métodos violentos”, asegura.
Diego Ancalao es maestro de escuela, tiene 36 años y nació en Purén, en pleno corazón de la Araucanía chilena, la referencia territorial para dos millones de mapuches. Inquieto y culto, concurre el próximo 19 de noviembre como candidato a senador por el Frente Amplio, una coalición de partidos de izquierda que se plantea superar la dicotomía tradicional del bipartidismo chileno.
La pelea en la que está embarcado es por devolver a su pueblo el reconocimiento como nación que le arrebató la administración criolla.
La muerte de Maldonado, presumiblemente a manos de la gendarmería argentina, lo trastoca todo. Los mapuches han vuelto a hacer sonar los tambores de guerra en una vasta región fracturada por dos Estados clave en la prospección de las tinieblas patagónicas, donde tantas atrocidades se han cometido y se siguen cometiendo en nombre de la codicia humana.
“Puede producirse un gran levantamiento mapuche a ambos lados de la cordillera”, advierte Diego Ancalao en conversación telefónica sobre un conflicto olvidado pero que ha vuelto súbita y efímeramente a las primeras páginas de la actualidad.
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