En 1917 Rusia cambió el destino del mundo con una revolución que consiguió todos sus objetivos durante el mes de octubre de aquel año. Los historiadores coinciden en que la fase más importante y decisiva del proceso revolucionario se produjo durante los meses de febrero y marzo, cuando el zar Nicolás II fue destituido y detenido después de fracasar su abdicación en el gran duque Miguel, quien renunció al trono incapaz de hacer frente a los acontecimientos que se estaban desarrollando en el país.
Con la destitución del zar y el asesinato de Rasputín que lo precedió, terminaba un largo periodo de autocracia en una Rusia mayoritariamente agraria y cuasimedieval.
Tras la destitución del zar un Gobierno Provisional formado por representantes de las fuerzas políticas con más presencia en la sociedad rusa fue incapaz de mantener el orden mientras los Soviets (asambleas de obreros y trabajadores), dominados por los bolcheviques, se iban haciendo con el poder y en octubre, dirigidos por Lenin, tomaban en Petrogrado (San Petersburgo) el Palacio de Invierno, sede del gobierno de Kérenski (ausente en ese momento), culminando un proceso que terminó con la construcción por primera vez de un Estado de partido único.

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