América Latina ha experimentado un cambio de tendencia en los últimos años que se ha concretado en el aumento de representación de los sectores más conservadores y en el posicionamiento en el espacio público de discursos que atacan directamente las luchas por la emancipación y la igualdad de derechos de las mujeres. El intento de desacreditar al movimiento feminista, pero también el incremento de la violencia y la brutalidad en los asesinatos de mujeres, se identifican con una estrategia de repatriarcalización conectada con la nueva fase capitalista y colonial de acumulación por despojo.
Aunque la mayor parte de las constituciones del continente reconocen la laicidad de los Estados, es indiscutible la capacidad de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica y de la cada vez más influyente Iglesia Evangélica para instalar su discurso en la opinión pública. La defensa del modelo de familia heteronormativa, con el rechazo del matrimonio igualitario, y la oposición a la despenalización del aborto en cualquiera de sus causales son los principales emblemas de los denominados sectores pro-vida y pro-familia.
La capacidad del patriarcado para reconfigurar su discursividad y actualizar las formas de desigualdad y subordinación por encima de marcos legales estatales demuestra no solo la importancia del género como núcleo fundacional de otros sistemas de dominación, como sostiene Segato, sino también la conexión observada por el portugués Boaventura de Sousa Santos entre patriarcado, colonialismo y capitalismo que ha supuesto la intensificación de las formas de dominación en este momento histórico.

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