La lucha contra la corrupción en Ecuador es una estrategia política promovida por las elites económicas para ignorar los factores estructurales que permiten el flujo ilícito de capitales, verdadero problema del país y la región.
La corrupción no es el mayor problema del Ecuador. Sin embargo, en los primeros 100 días de gobierno, el presidente Lenín Moreno se ha dedicado a combatirla. Su lucha hace eco a empresarios, turbas enardecidas, medios de comunicación y oposición partidista, que consideran a la corrupción como causante de todos los males. Mientras tanto se ignoran afectaciones financieras mucho más cuantiosas para el país.
El ‘detonante’ fue el escándalo político del caso Odebrecht y Petroecuador, con relación al vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas y exfuncionarios del gobierno correista. Moreno llegó a culparlo de todo a la administración de su antecesor, acusándo a sus integrantes de “mafiosos”. Su respuesta fue instalar un Frente Anticorrupción y desatar una cruzada por toda la función pública. Pero, ¿esta lucha es justificable o es solo demagogia?
Según el Procurador General del Ecuador, Diego García, se estima que más de 50 millones de dólares se entregaron en coimas en el Caso Odebrecht -la empresa brasileña acepta que fueron 33.5 millones-.
Sin embargo, la cifra es ínfima comparada con los 400 millones de dólares que pierde aproximadamente el Ecuador por evasión de impuestos cada año. “Desde el 2000 hasta marzo de 2016 cerca de 4.500 millones ha dejado de percibir el Estado

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