“Esta es una llamada de auxilio”, comienza. “Los Gobiernos de Finlandia y Noruega están tratando de ilegalizar la pesca del salmón practicada por el pueblo sami y otorgar nuevos derechos de pesca a los ricos que han construido cabañas en nuestras tierras. Es un robo a plena luz del día. Se nos niega el derecho a nuestra cultura y el acceso a una de las fuentes de alimentos fundamentales en el Ártico”.
Quien habla es Aslak Holmberg, vicepresidente del Consejo Sami, el cual representa los intereses del pueblo indígena sami en Finlandia, Noruega, Suecia y Rusia. También es pescador en Nuorgam, localidad del municipio más septentrional de Finlandia, Ohcejohka (Utsjoki en finés).
Entre 75.000 y 100.000 miembros del pueblo sami viven en la región ártica de Noruega, Finlandia, Suecia y Rusia. La mayoría vive en Noruega y Suecia, aproximadamente un 10% en Finlandia y alrededor de 2.000 en la Federación de Rusia. Son una comunidad indígena cuya vida está estrechamente vinculada a su patria, Sápmi (conocida en español como Laponia).
La cría de renos es probablemente el más reconocido de los medios de vida tradicionales del Ártico, pero la pesca es otra parte esencial de la vida del pueblo sami.
Al igual que los pueblos indígenas de todo el mundo, los sami o lapones han tenido que hacer frente a la incursión, a la colonización y a las industrias extractivas, ya que se les grava en cueros y pieles de caza desde el siglo XV.
En Noruega, se prohibió la escolarización en lengua sami desde finales del siglo XIX hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Muchos sami también se vieron obligados a adoptar un nombre noruego como requisito previo para poseer tierras.

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