Silvia Albert Sopale (San Sebastián, 1976) dice que nunca pudo ser Blancanieves en el colegio y ahora de mayor, ya como actriz, solo le ofrecen papeles de señora de la limpieza, prostituta o toxicómana. Lo cuenta desde las tablas de la madrileña sala Off Latina mientras interpreta No es país para negras, una obra que se aleja del lamento para reivindicar su negritud y exigir su espacio. En la pieza teje sus experiencias con las de otros afrodescendientes para ofrecer un relato único, íntimo y desgarrador. Tras 55 minutos de respiración contenida se escucha un “uff” entre el público.
Silvia acaba de terminar su actuación con una especial intensidad –confiesa que hoy puso énfasis en esa parte– clamando que al final, bajo tierra, todos somos iguales. Después de una sonora ovación la actriz pregunta al público si ha visto alguna vez algo parecido. Solo una persona levanta la mano. La pieza lleva dos años y más de 60 bolos por España para hacer justicia y así se lo cuenta a El Salto, tras limpiarse el sudor y fumarse un bien merecido cigarro.
Ser afroespañol es algo que estamos construyendo ahora mismo, estamos definiéndonos. Es una reivindicación de identidad, la búsqueda del reconocimiento de pertenencia. Para mí, ser afroespañola es un posicionamiento ante España en el deseo de ser reconocida como parte de esta comunidad y no ser vista como una extranjera.

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