El hambre en América Latina y el Caribe ya no es un problema de escasez de alimentos, sino un producto de serias inequidades económicas y deficiencias en los sistemas alimentarios de la región, situación que se ha agravado con el avance de la globalización.
Los sistemas alimentarios actuales, hiperconectados e interdependientes, no han sido capaces de cumplir su función principal: dar acceso a alimentos frescos, sanos y nutritivos a toda la población.
El comercio global de productos básicos agrícolas se caracteriza por largas cadenas de suministro que afectan negativamente la capacidad de las poblaciones locales para producir y consumir sus propios alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está apoyando a los países a acortar las cadenas de suministro de alimentos, acercar a los consumidores y productores locales y generar lazos entre el sector público y la agricultura familiar, mediante programas de compras públicas de alimentos para abastecer escuelas y hospitales.

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