En marzo de 2018, tendrá lugar una Marcha Básica contra el paro y la precariedad. La primera de las columnas ya tiene calendario, saldrá el 10 de marzo de León para llegar a Madrid el 24 de marzo.
Hasta hace muy poco tiempo aparecía como una idea exótica, una fantasía propia de ingenuos militantes y de un puñado de economistas utópicos. Pero la crisis civilizatoria que atravesamos ha terminado por ponerla en el orden del día. Ha llegado la hora de un nuevo derecho fundamental que corresponde a todos los seres humanos, “un derecho universal e incondicional de todos los ciudadanos, como lo son ya el derecho a la educación o a la salud o, en el ámbito político, el derecho al sufragio universal” (Víctor Ríos). Ha llegado la hora de la renta básica.
La idea se sitúa en el cruce de caminos de nuestro tiempo, en el centro de las pugnas sociales, ideológicas, políticas y culturales. Su potencia emana justamente de ahí, de su íntima vinculación con las necesidades y el espíritu de nuestra época, de su nexo con la transición sistémica en curso. Y, por eso mismo, saqueadores de fino olfato estratégico como el Foro de Davos o el FMI, se han puesto manos a la obra en la usurpación y jibarización del concepto. Las espadas están en alto, la lucha acaba de empezar.
En apretada síntesis, estos son, en mi opinión, algunos de los nudos primordiales de la contienda.

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