dimecres, 27 de desembre del 2017

La ofensiva de Europa contra quienes ayudan a las personas refugiadas


Hace aproximadamente tres años, el 31 de octubre de 2014, la presión ejercida por la Unión Europea (UE) sobre Italia forzó el fin de una de las misiones humanitarias de más éxito de la Unión, Mare Nostrum, una operación de búsqueda y rescate que, en solo un año, consiguió que 130 000 personas refugiadas llegaran sanas y salvas a las costas de Europa.

A raíz de esta decisión, el número de víctimas se incrementó, y alcanzó la cifra de 1200 personas ahogadas en el mar cinco meses más tarde.



Las ONG entraron en escena para cubrir este vacío, poniendo en marcha sus propias misiones de rescate, en un intento desesperado de salvar vidas. Sus iniciativas formaron parte de una ola de solidaridad que recorrió toda Europa aquel año, en el que la gente organizó caravanas hacia los centros de acogida de personas refugiadas, recibió calurosamente a las personas que llegaban a las estaciones de tren alemanas y participó en cadenas humanas para abastecer de agua y alimentos a las personas que recorrían un arduo camino, huyendo de zonas asoladas por la guerra, como Siria y otros lugares.

Mientras la clase política europea eludía sus obligaciones humanitarias, los ciudadanos y las ciudadanas de Europa demostraban su compasión, solidaridad y compromiso con los Convenios de Ginebra.

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