América Latina ha finalizado el 2017 como el año que podrá pasar al recuerdo por sus tensiones electorales. Choques que han ido más allá de la histórica dicotomía progresismo/conservadurismo, o incluso soberanía/dependencia, que tanto se ha reflejado en la primera década del siglo XXI. Han nacido nuevos choques internos tanto en un bloque como en otro sumando mayor complejidad de la realidad política en América Latina.
El 2018 se presenta como un año interesante, aunque no lejano de las contradicciones sucedidas en 2017.
Veremos las complejas elecciones generales de Paraguay en abril donde el Frente Guasú, con su criticado pacto con el PRLA por parte de algunos sectores sociales ya que apoyaron el golpe de Estado de 2012 contra Fernando Lugo, pretende desbancar a la histórica derecha del Partido Colorado.
O las excepciones elecciones de Colombia en mayo donde las FARC-EP, tras el proceso de paz, participarán por primera vez en el proceso electoral compitiendo posiblemente el exguerrillero Rodrigo Londoño con otros candidatos de izquierda institucional como el exalcalde de Bogotá Gustavo Petro o el exalcade de Medellín Sergio Fajardo, candidato del Polo Democrático Alternativo.
Además vienen las elecciones presidenciales en México el mes de julio, donde se verá si el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) liderado por López Obrador sumará para romper con el bipartidismo entre el PRI y el PAN de los últimos años.
O si en las elecciones de Brasil, el mes de octubre, se podrá presentar Lula como candidato del PT y se vista como un símbolo sumatorio de la izquierdas contra el impeachment de 2016.
Y como no, algo tan esperado y tan contradictorio en las izquierdas de América Latina por el ataque constantemente de los medios de comunicación para desacreditar: las elecciones presidenciales en Venezuela para ratificarse o no el apoyo del pueblo a la Revolución Bolivariana en un momento histórico complicado.

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