dilluns, 29 de gener del 2018

AMERICA LATINA Y CARIBE: ¿Paz en Nuestra América?


Ha sido una  decisión de los pueblos romper las estructuras de explotación y dominación capitalista e imperialista. Este objetivo histórico, de lograrse en Nuestra América, sería una victoria estratégica de los pueblos que resisten sin capitular. Cuba, contra viento y marea, y a pesar del bloqueo del gobierno estadunidense, hace 59 años emprendió ese camino de soberanía, socialismo y definitiva independencia.

Así, los esfuerzos de paz en Centro y Sudamérica continúan enfrentándose con la realidad sistémica de políticas abiertamente antipopulares y represivas. Estos proyectos no deberían terminar en una paz americana que hace abstracción de la economía política, de las clases en conflicto antagónico, que encubren la permanente injerencia estadunidense en la región, así como la respuesta de los pueblos que se niegan a cohabitar con las oligarquías, sus ejércitos genocidas y sus paramilitares. La lucha por la paz, la libertad y la soberanía tienen lugar en sociedades cuyas clases dominantes monopolizan la tierra, la propiedad de los medios de producción y, por ende, el poder económico y político, y, al mismo tiempo, se han convertido en la base articuladora local de la dominación imperial.





Así, hoy se pretende imponer la rendición incondicional de los pueblos que exigen y construyen la paz, que establecen democracias comunales con sus propios recursos y formas colectivistas de organización social, que incursionan en la construcción del poder comunal en la Venezuela chavista y bolivariana. En particular, para el sistema de dominación imperante, el sistema de representación indígena implica un cuestionamiento radical a las formas de mando y obediencia impuestas desde hace siglos. De ahí el sentido subversivo de estas democracias comunitarias que, además, se constituyen en núcleos de resistencia anticorporativa y reservorios de pensamiento crítico, como es el caso de la experiencia mexicana con el EZLN, el Congreso Nacional Indígena, y su propuesta de conformar un Concejo Indígena de Gobierno, en alianza con todos los explotados y oprimidos en el ámbito nacional.

La revolución de los pueblos es resistencia permanente contra el salvajismo del capital, y se constituye en el último e irrenunciable recurso; es la negación dialéctica del viejo sistema, NO la inserción en éste. De ahí, aquello de mis sueños no caben en sus urnas.



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