Imponerle a la humanidad el “sentido común” de esa inmensa minoría que es la burguesía, es un sinsentido descomunal que reina a sus anchas en un mundo donde: “La súper concentración de riqueza, imparable. Indica que la desigualdad social es una traba para eliminar la pobreza en el mundo. Tiene 1% de la población más recursos que todo el resto”[1] Todo “Patas Arriba” decía Galeano.
Al margen de cierto desprecio “popperiano” por el “sentido común” y lejos de algunas disquisiciones cientificistas, entiéndase aquí el “sentido común” como ese principio de cordura que una comunidad fija para delimitar conductas y hacer valer acuerdos de convivencia. Especie de “leyes” sociales no escritas, sabiduría basada en el ensayo y el error y en cierto carácter conjetural del conocimiento venido de la experiencia común.
Así, el “sentido común” de las clases dominantes (dueño del monopolio de la violencia y la muerte) “enseña” que es mejor guardar silencio, quedarse quieto y ayudar al verdugo. Impone una escala de conductas diarias donde la mansedumbre se premia con invisibilidad y sobrevivencia periféricas donde más vale “portarse bien” y “no meterse en problemas” para “ir pasándola” lo mejor que se pueda. Mientras tanto, en un lugar callado e íntimo, se siembran los anhelos más contradictorios para que la víctima sueñe con ser y vivir como es y vive su verdugo. Con sus lujos, manías y conductas consumistas. Son esos los “valores” que se desprenden de la ideología de la clase dominante desparramados a mansalva diariamente por todos los medios, incluidos los “medios de comunicación”, opio de los pueblos.

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