Mientras millones de turistas de todo el mundo veranean en sus playas, las comunidades indígenas denuncian asesinatos, atentados, desalojos y atropellos a los derechos humanos. El territorio en disputa. Discriminación y violencia contra los pueblos originarios que habitan en Brasil.
En 2016, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó su “preocupación” por la situación en el Estado de Mato Grosso do Sul: “tiene el número más alto de asesinatos de líderes indígenas del país y que a pesar de los llamados de atención y las recomendaciones emitidas por la Relatora Especial de Naciones Unidas para los derechos de los pueblos indígenas, Victoria Tauli-Corpuz, el Estado brasileño sigue sin adoptar las medidas urgentes y necesarias para prevenir y sancionar la violencia en contra de las comunidades indígenas Guarani-Kaiowá. La mayor parte de la selva originaria de Mato Grosso do Sul fue aniquilada para la instauración de agro negocios que se expandieron notoriamente en las últimas dos décadas”.

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