El año que comienza se anuncia peligroso ya que abrirá las compuertas de la disputa por el poder y el aparato estatal. En un país en donde imperan la corrupción y la violencia, ello significa abrir una caja de Pandora. Pero la violencia y la corrupción no son plenamente soberanas en México, y no porque haya contención institucional o existe algún tipo de pacto social. De hecho, en buena medida, las instituciones públicas han sido sometidas a la lógica y los intereses de la acumulación capitalista lícita e ilícita desde los tiempos largos del PRI-régimen y, aún más, en la descomposición de la clase política y el saqueo de lo público y lo común que vivimos actualmente. Pero las clases dominantes mexicanas nunca fueron omnipotentes en su ejercicio violento, corrupto y explotador del poder porque, frente a ellas, se erigieron y se erigen resistencias, se levantan luchas y se enarbolan propuestas y prácticas alternativas.
Por ello, rememorar el 68 y el 88 es recordar una misma y recurrente historia: la irrupción de un movimiento democrático de las clases subalternas y la respuesta violenta del régimen autoritario.
Ojalá 2018 sea un año de conmemoración activa del 68 y del 88, porque solo una irrupción desde abajo puede alterar el guion de otra imposición anunciada.

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