El Gobierno francés impulsa una polémica ley migratoria que facilitará las extradiciones y endurecerá las condiciones de detención de los extranjeros.
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| Campamento de refugiados afganos en el canal de Saint-Martin del río Sena (París). |
Firmeza y humanidad. Es la fórmula que el presidente francés, Emmanuel Macron, ha escogido para sintetizar su posición respecto a la acogida de refugiados. Si las propuestas económicas del joven dirigente, de 40 años, pretenden ser una combinación “de lo mejor de la derecha y de la izquierda”, sus políticas migratorias aspiran a acoger mejor, al mismo tiempo que refuerzan el arsenal legislativo para expulsar a los inmigrantes a los que se haya denegado el asilo.
Una propuesta ambigua que empieza a dilucidarse. Nueve meses después de su llegada al Elíseo, Macron parece haber olvidado el significado de la palabra “izquierda”. Mientras sus medidas económicas marginan la redistribución, su política migratoria apuesta por la mano dura con los refugiados.

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