dilluns, 5 de febrer del 2018

La ayuda oficial al desarrollo en las antípodas de la solidaridad


El dinero utilizado para controlar los flujos migratorios y para los demandantes de asilo maquilla unas políticas que cada vez destinan menos dinero a los países pobres.


El 11 de abril de 2017, con base en su informe, la OCDE anunciaba orgullosamente un aumento de la Ayuda oficial al desarrollo correspondiente al año anterior: «En 2016, los aportes netos de la Ayuda oficial al desarrollo (AOD) de los países miembros del Comité de ayuda al desarrollo (CAD) |1|, de la OCDE, alcanzaron una nueva cifra récord, con una suma de 142.600 millones de dólares». Ese monto representa un aumento del 8,9 % con respecto al de 2015, teniendo en cuenta los tipos de cambio y la inflación .


Barrio de chabolas en Tondo, Manila, Filipinas


Un regocijo de la OCDE que es necesario matizar rápidamente al tener en cuenta las cifras, porque, en primer lugar los países mas pobres, llamados «los países menos avanzados» (PMA) en la jerga institucional occidental, no se benefician de ese aumento, sino que experimentan, por el contrario, un descenso del 3,9 % de la ayuda recibida en 2015 y 2016 |3|. 

En segundo lugar, porque la media global de los donantes es del 0,32 % del INB, y sigue siendo demasiado baja, ya que representa menos de la mitad del objetivo del 0.7 % del INB. Ese objetivo fue reconocido oficialmente por una resolución de la ONU… en ¡octubre de 1970! Solamente cinco países sobre 29 alcanzan ese 0,7 % fijado hace más de 47 años: Noruega, Luxemburgo, Suecia, y Dinamarca, y este año se une Alemania.


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