diumenge, 4 de març del 2018

Colombia: Hundir a Petro, cueste lo que cueste


Por primera vez en nuestra historia, desde Gaitán, la clase política colombiana tiene miedo. De allí su designio: hundir a Petro, cueste lo que cueste.

Puede gustarnos o no, pero el fenómeno más sorprendente de la coyuntura política reciente en Colombia tiene nombre propio: Gustavo Francisco Petro Urrego.



En un país derechizado por efectos de su historia, su dirigencia y la incapacidad de la izquierda, Petro, un exguerrillero perseguido ferozmente por la Procuraduría de Ordóñez, la Contraloría de Cambio Radical y los medios de comunicación del Grupo Ardila Lule, la familia Santodomingo y el señor Luis Carlos Sarmiento Angulo; un ciudadano embargado, sin partido político, sin maquinaria económico-electoral, sin socios relevantes en el mundo político, sin medios de comunicación que le sean favorables y sin portavoces de renombre dentro de los generadores de opinión; él, Gustavo, defendiendo en su discurso la paz, la justicia social, ambiental y de género, en franca confrontación con la oligarquía del país, lidera la intención de voto para ser presidente de Colombia y llena las plazas de todo municipio al que va: Pasto, Sincelejo, Santander de Quilichao, Popayán, Ibagué, Tunja, Bogotá, Quibdó…

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