dilluns, 5 de març del 2018

No es fácil ser España


 No es fácil ser un país. En general no es fácil; para España, menos. El tema reaparece cada tanto y volvió a estallar hace unos días, cuando una vocalista módicamente olvidada, Marta Sánchez, se coló en todas las conversaciones por haber cantado la letra de un himno que no tiene letra.

Si nuestras culturas quisieran ser coherentes en este violento frenesí contra la violencia que las ocupa últimamente, deberían empezar por denunciar sus himnos nacionales. Los más fueron escritos hace un par de siglos —años de luchas por la patria— y no pasarían ni un examen somero de corrección política.



El más ensalzado, la Marsellesa, empieza por describir la situación: “¿Ya oís mugir en nuestros campos / a esos soldados feroces? / Vienen hacia vosotros / para degollar a vuestros hijos, vuestras mujeres”, y propone una respuesta rápida: “A las armas, ciudadanos, / formad vuestros batallones. / ¡Marchemos, marchemos, / que una sangre impura / colme nuestros surcos!”. Y los demás corean: “O juremos con gloria morir”, prometen los argentinos, los mexicanos “al grito de guerra” preparan el acero, los colombianos celebran que se bañe “en sangre de héroes la tierra de Colón”, los cubanos te explican que “morir por la patria es vivir”, y así de seguido.

El himno español, en cambio, se calla. Es un aire militar que tocaba en el siglo XVIII el regimiento de Granaderos y que un borbón rey de entonces empezó a usar para darse aires. La República lo cambió por otro, la dictadura del general Franco lo restituyó y la democracia lo mantuvo, pero nadie quiso dejarlo hablar.


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