dissabte, 3 de març del 2018

PAUL PRESTON / HISPANISTA “¿Por qué votan a los corruptos? Están tan acostumbrados...”


Paul Preston (Liverpool, 1946) es catedrático Príncipe de Asturias de Historia Contemporánea española y director del Centro Cañada Blanch para el estudio de la España Contemporánea de la London School of Economics. El autor de libros como El Holocausto Español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después (Debate, 2011) o La política de la venganza: el fascismo y el militarismo en la España del siglo XX (Ediciones Península, 1997) ha participado esta semana en el primero de los cuatro debates del ciclo Next for Spain and Catalonia?, organizado por un grupo de estudiantes de máster y doctorado de la Spanish Society de la LSE y Politikon. El primer diálogo, sobre las raíces históricas de la crisis catalana, contó también con los historiadores John Elliott y Felipe Fernández-Armesto y transcurrió con cordialidad y amplio consenso entre los panelistas, no así entre los asistentes, en su mayoría españoles, que hicieron palpable la división en el turno de preguntas



¿En qué momento entra en crisis la Cultura de la Transición?

Casi inmediatamente. Se hace una transición pacífica a base de transacción, de negociación, que tiene su primer triunfo con las elecciones de junio de 1977, pero casi inmediatamente tenemos el problema de que esa transición pactada, por así decirlo, está amenazada por un lado por ETA, y por otro lado por el ejército, cada uno con sus propias guerras. Por otra parte, está también el tema de la corrupción, que viene de lejos, pero la democracia comete ciertos errores que la facilitan, como la ley del suelo. Después, el tema de la memoria histórica en ese momento no es candente por varias razones. Por un lado, a los políticos de derechas no les interesa en absoluto porque en el fondo son los herederos del sistema franquista. Por la izquierda, el Partido Comunista no está en el gobierno, y al PSOE no le interesa porque piensa que es demasiado complicado. Legalmente es complicado cambiar las docenas de miles de sentencias judiciales –totalmente injustas. Pensaban que electoralmente sería muy difícil, porque el PSOE quería proyectar la imagen de moderación, de todo nuevo, y la frase que se oía constantemente era la de no remover las cenizas. Eso empieza a cambiar y a tambalearse en torno a 1995, con las investigaciones de Emilio Silva [presidente de la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica]. Desde 1977 ya hay historiadores locales que están removiendo las cenizas, buscando en zonas donde es posible, y es muy importante, porque todavía hay partes de España donde no ha sido posible investigar lo que pasó a manos de los franquistas. Las atrocidades en la zona republicana, en cambio, están súper investigadas por el propio régimen franquista. Pero la gran diferencia es biológica, el hecho de que los nietos de los represaliados empiezan ya a preguntar, de exigir saber lo que pasó a sus antepasados.

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