Pocas personas saben que el brillo y el efecto perlado de los lápices labiales, sombras de ojos, esmaltes de uñas y productos para el cabello se debe a la presencia de mica, un mineral quebradizo de aspecto cristalino que, gracias a sus propiedades luminosas, térmicas y químicas, se utiliza no sólo en la industria cosmética, sino también en las industrias de pinturas, electrónica y automovilística. Aún más pequeño es el número de aquellos que saben que una cuarta parte de la producción mundial de mica proviene de la India, los estados de Jharkhand y Bihar, a través de minas que, en un 90% de los casos, son ilegales y emplean una gran cantidad de mano de obra infantil. Un informe que acaba de publicar el instituto holandés SOMO, Global mining mica and the impact on children rights (La mica minera global y su impacto en los derechos de los niños), nos informa que en la India hay alrededor de 22.000 menores empleados en la extracción de mica, muchos de ellos menores de doce años. En lugar de ir a la escuela, se pasan el día triturando las escamas de mica cuando no descienden a los túneles para separar las losas y llevarlas a la superficie. Niños con salarios de esclavos, como los de sus padres, que, precisamente por sus miserables salarios, se ven obligados a pedir a sus hijos que los sigan al trabajo. Y aquí están, entre las piedras, empolvados, malgastados y raquíticos, nuestros pequeños productores de mica que nos permiten desarrollar glamurosos artificios.

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