La semana pasada, estalló en Brasil algo inusitado que unos llaman locaut y otros huelga de camioneros, que, pese a la militarización y represión, cumple diez días, mientras se profundiza la crisis que pone al borde del colapso a este país-continente de 8,5 millones kilómetros cuadrados donde el grueso de las cargas se envían por carretera.
Lo que preocupa más al gobierno de facto es la huelga anunciada por los trabajadores petroleros. La confluencia de los dos paros, camioneros y petroleros, puede ser devastadora para un gobierno debilitado y colocaría en aprietos al titular de Petrobras, Pedro Parente, padre de la política de desestatización petrolera y aumento exagerado de los precios de los combustibles en beneficio de los accionistas privados de la compañía.
La monopólica red Globo parece completamente perdida, no sabe si critica o apoya el paro: realiza una crítica constreñida al gobierno golpista de Michel Temer e intenta, de todas formas, proteger el mercado no menos golpista, o sea, trata a toda costa de salvar la cabeza de Parente. La caída del 14% de las acciones de Petrobras en la Bolsa de San Pablo indicó que dejó de ser intocable, pese al apoyo desde dentro y fuera del país.

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