Dos países hermanos, afros descendientes con una mezcla de la inmensa cantidad de esclavos traídos por los reinos de Francia, España y los corsarios holandeses y anglos durante cinco siglos. Dos países que comparten una isla en medio del mar, con el mismo tejido social y con la mínima diferencia del idioma: en República Dominicana se habla el castellano y en Haití el creole.
Ambos países empobrecidos, invadidos, asaltados y dominados por mafias que han tomado los gobiernos durante décadas. Oligarquías que reproducen el odio, el racismo y la exclusión a su conveniencia. Que esclavizan y expulsan.
República Dominicana y Haití comparten el mismo gusto por la comida y la música caribeña, como (Cuba y Puerto Rico) el color de piel y la raíz africana, tal vez siendo un poco más oscuros los haitianos, tonalidad que les crea enorme conflicto al pisar tierra dominicana pues son discriminados por las autoridades gubernamentales, policiales y la sociedad en general. Como sucede con los africanos en Europa y los latinos en Estados Unidos.
Es duro migrar hacia República Dominicana en esas condiciones, país hermano, hijo de la misma matriz. Aunque no es nueva la migración de haitianos hacia el país vecino y tampoco los conflictos políticos entre ambas naciones; porque una discriminación sistemática establecida desde el gobierno del dictador Trujillo menosprecia a todo haitiano y lo cataloga como haragán, ladrón, sucio e ignorante. Táctica que lo benefició durante décadas, (y beneficia hasta la fecha a las oligarquías) no suficiente se propuso cortar de raíz con la migración haitiana y realizó una limpia por el territorio fronterizo en la que también se perdieron vidas de dominicanos pobres, de piel oscura.

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