dijous, 14 de juny del 2018

Elecciones en Brasil y la emergencia de liderazgos progresistas


Si a 4 meses de unas elecciones generales hubiera un candidato que, para la mayoría de las encuestadoras, duplica (desde hace casi un año) en intención de voto al resto de los candidatos y es un claro vencedor frente a cualquier otro competidor en un potencial escenario de balotaje, la circunstancia llamaría un tanto la atención. Sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de los electorados latinoamericanos son, por un lado, inestables y fluctuantes a mediano plazo y, por otro, bastante equilibrados en su fragmentación.

Si, además, como lo asegura la última medición de DataFolha[1], ese candidato le saca varios puntos de ventaja al resto de los postulantes en indagaciones espontáneas y llega al 47% -30% consolidado, más un 17% potencial–  en las preferencias inducidas, estamos hablando de un contexto político bastante particular.


Ciro Gomes 

Y ni hablar si el candidato en cuestión está hace dos meses en prisión, sin poder tener presencia en la esfera pública y lo que conoce de él son sólo un audio corto en la parte final de un spot televisivo vehiculizado por su partido y un “Manifiesto al Pueblo Brasileño” con su firma divulgado hace unos días.

Se trata, entonces, de una circunstancia política muy singular y que quedará en los registros de campañas presidenciales excepcionales -como fue, por ejemplo, la campaña brasileña de 1989-.

Ciro Gomes estaría más bien en sintonía con ese “nuevo progresismo latinoamericano”[2] de V. Mendoza, A. M. López Obrador o G. Petro –con las consideraciones nacionales de cada caso– en ese esfuerzo por desmarcarse de los liderazgos del ciclo político previo, como los de H. Chávez, los Kirchner o, incluso, del propio Lula.


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