Si a 4 meses de unas elecciones generales hubiera un candidato que, para la mayoría de las encuestadoras, duplica (desde hace casi un año) en intención de voto al resto de los candidatos y es un claro vencedor frente a cualquier otro competidor en un potencial escenario de balotaje, la circunstancia llamaría un tanto la atención. Sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de los electorados latinoamericanos son, por un lado, inestables y fluctuantes a mediano plazo y, por otro, bastante equilibrados en su fragmentación.
Si, además, como lo asegura la última medición de DataFolha[1], ese candidato le saca varios puntos de ventaja al resto de los postulantes en indagaciones espontáneas y llega al 47% -30% consolidado, más un 17% potencial– en las preferencias inducidas, estamos hablando de un contexto político bastante particular.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada