Alejado de pomposidad, el director, Adolfo Dufour, cuenta la historia del sindicalista a través de archivos de hemeroteca y las aportaciones dramatizadas de Carlos Olalla en el papel de Marcelino, y de Gloria Vega en el de Josefina. Ambos, un escenario y un violoncello. Lo necesario para retratar la vida de un hombre que necesitó poco para sí mismo porque lo dio todo para el resto.
Con estas herramientas, el largometraje se divide en dos partes. Al principio, mediante el testimonio de familiares y amigos, recrea la primera etapa de la vida de Marcelino Camacho: su infancia, su juventud, su lucha en favor de la República, su exilio, el día que conoció a su compañera de vida, Josefina Sámper, su vuelta a España y las dificultades en Madrid… Una hora que se pasa casi sin querer, donde conoces al Marcelino Camacho más desconocido.
La segunda parte presenta a una figura mucho más política. Y su fondo. Porque Camacho no se convierte en un referente del sindicalismo por su oratoria. Detrás hay una historia de sacrificios, de fatigas, de creación de conciencia política. La plantilla de Perkins, la empresa donde trabajó Marcelino Camacho después de volver a España, le reconocen sus esfuerzos para crear un pensamiento crítico en ellos.
Esta película-documental es un homenaje a la vida y la trayectoria del dirigente de CCOO el año en el que se cumple un centenario de su nacimiento. “Marcelino es el símbolo de un periodo largo y duro que comprende desde el inicio de la Guerra Civil hasta el final de la dictadura. Es la historia de una lucha”, aseguraba Julián Ariza hablando de su amigo. La historia de Marcelino Camacho es la historia de una gran parte del siglo XX en España. “Con este documental no solo se conoce a Marcelino, sino también la historia de un periodo de miseria, de dificultad y de persecución”, añadía.

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