La maternidad ha sido un tema incómodo para el feminismo. El binomio ’mujer-madre’ impuesto por el patriarcado ha hecho que una parte muy significativa del feminismo rechazara la maternidad ’per se’, la negara, la obviara, la invisibilizara. “Las mujeres son esclavas de la maternidad. La maternidad es una cárcel”, afirmaba la escritora feminista egipcia Nawal El Saadawi. Para algunas feministas, ser madre es una maldición. Sin embargo lo que hace de ella una pesada carga, no es la maternidad en sí misma sino el yugo en que la ha convertido el sistema patriarcal.
El ideal de madre no es resultado de nuestra capacidad biológica para gestar, parir y lactar sino de una operación cultural y simbólica que construye la identidad femenina de manera única y homogénea en torno al hecho de ser madres. Se trata de un arquetipo de maternidad, en el que todos los posibles anhelos de la mujer se restringen a uno solo: el de tener criaturas. Un imaginario materno que se ha reproducido por los siglos de los siglos.

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