La ejecución de dos miembros de ETA político-militar y tres del FRAP, el 27 de septiembre de 1975, desató una reacción popular e institucional en toda Europa. Meses después, el 20 de noviembre, el dictador moría en el hospital La Paz en Madrid. Uno de sus últimos actos fue firmar las penas de muerte. Trágicos y oscuros prolegómenos del proceso histórico conocido como Transición, de la dictadura a la democracia. No fue hasta el 15 de junio de 1977, cuando se celebraron las primeras elecciones generales. Hoy hay que volver a hacer una transición hacia la normalización democrática.
Tras las protestas internacionales por las ejecuciones de 1975, Carlos Arias Navarro llenó la Plaza de Oriente para vitorear a Franco. Las protestas internacionales enervaron al régimen y el presidente del Gobierno se dirigió a los españoles por televisión: «no sabemos qué nos produce más estupor: si la violencia vesánica de los agitadores, o la culpable irresponsabilidad de los responsables de los Gobiernos y de los medios informativos que la secundan. En esta noche, estoy con todos vosotros, españoles, para pedir vuestra ayuda al Gobierno con el ejemplo de vuestra unidad ante la innoble agresión exterior». Quedaba al descubierto la falsedad del supuesto aperturismo político del «espíritu» del12 de febrero de 1974.
Arias no gustaba ni a los suyos. En su discurso del 24 de junio de 1975, el Presidente, definió una trinidad de principios inmutables: Exclusión radical del comunismo «en sus tendencias, grupos o manifestaciones», que incluye a cualquier grupo con connotaciones obreras reivindicativas (los sindicatos); afirmación de la unidad nacional, que deja fuera de discusión cualquier reivindicación nacionalista y cualquier proyecto autonómico; y el reconocimiento de la forma monárquica del Estado. Arias Navarro era el auténtico cancerbero de la ortodoxia franquista. ¡Españoles, Franco ha muerto!

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