Hace unos días, Alejandro Solalinde, sacerdote simpatizante de Morena, se ofreció como mediador entre el virtual Presidente electo y el EZLN. Solalinde dijo que llevaría una carta de nuestro futuro Presidente a la comandancia rebelde en la que ofrecía un diálogo constructivo para superar las diferencias y trabajar juntos por el bien de México.
Sin embargo, el EZLN respondió de inmediato que no aceptaba la mediación y que no estaba interesado en comenzar una negociación con el partido ganador de la elección pasada. Las palabras que usaron para hablar de Solalinde fueron particularmente duras.
El comunicado neozapatista sostiene que lo único que han recibido del sacerdote son “mentiras, insultos, calumnias y comentarios racistas y machistas, al suponer que, como se sostenía en la época del salinismo y el zedillismo, somos unos pobres indígenas ignorantes”.
Es evidente que si Andrés Manuel López Obrador desea un acercamiento con el EZLN, tendrá que encontrar otro intermediario menos polémico.
México no viró hacia la izquierda con la elección anterior ni lo hará durante el próximo gobierno de Morena. En palabras de la comandancia: “Podrán cambiar de capataz, mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo”. El EZLN es la única formación política mexicana que rechaza abiertamente el capitalismo. Negociar con Morena sería, para ellos, una traición a los principios fundamentales del movimiento.

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