El 8 de agosto de 2018 el Senado argentino le dio la espalda al reclamo de millones de mujeres rechazando la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que contaba con la aprobación de Diputados. Las manifestaciones de millones de personas, la llamada “Marea Verde”, en Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Mendoza, Córdoba y otras ciudades hallaron eco en toda América Latina y otras regiones del mundo.
La consigna de la Marea Verde por el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, y por la obligación del Estado de proveer aborto legal y gratuito esperanzó e iluminó las calles. La consigna de los grupos conservadores -aprobada por el Senado- de castigar a la mujer pobre, víctima principal de los abortos clandestinos, indignó las calles
Mientras en los espacios públicos se fueron consolidando las redes solidarias tejidas desde hace años entre activistas de NI UNA MENOS, diversas organizaciones LGBT, Mujeres Sindicalistas, Encuentro Nacional de Mujeres y organismos de derechos humanos, en el Senado se fueron consolidando las alianzas de la viejas élites del poder: los caudillos del interior con sus pares oscurantistas de Buenos Aires. Son los defensores del Fondo Monetario Internacional, de un rol activo de las Fuerzas Armadas en la represión, los que apoyaron el golpe de Estado del 76, los que participaron -o guardaron silencio- con los represores que violaron, torturaron a mujeres embarazadas a las que luego, obligaron a parir en situaciones infrahumanas y les quitaron sus hijos. Unos quinientos niños nacidos en cautiverio fueron robados por los defensores de un sistema que ahora dice “defender la vida”.

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