116 inmigrantes subsaharianos saltaron este miércoles la valla fronteriza que separa Marruecos con la ciudad española de Ceuta, y luego España los expulsó al país africano, que aceptó readmitirlos. Las “devoluciones en caliente” también se convierten en una práctica habitual, y aún más, legitimadas con la actual Ley de Extranjería.
Los inmigrantes, en su desesperación por la violencia de la Guardia Civil española, utilizaron palos y objetos cortantes, cal viva, ácido de baterías y excrementos, que arrojaron a los guardias, como ya ocurrió en el último salto masivo, ocurrido hace casi un mes.
El enclave colonial de Ceuta es un escenario de maltrato y represión contra personas que sencillamente huyen de las guerras, del hambre o de la persecución, la discriminación y la violencia que sufren en sus países. Así es que las políticas racistas y criminales del Estado Español son aplaudidas y tomadas como ejemplo con el levantamiento de nuevas vallas y muros, y ante la actual militarización y blindaje de las fronteras europeas.

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