La voz de Zuleika Esnal es suave y su acento es especial porque enfatiza desde el susurro. Agradece una y otra vez a cada persona que sale del teatro. Por momentos parece que consuela a los espectadores que se retiran, con la voz quebrada y los ojos húmedos, tras el final de “Piel de cordero. Estoy acá”,
En el escenario son tres mujeres que en la penumbra de la sala se multiplican por miles cuando se transforman en cada una de las abusadas y maltratadas por la violencia de género y el machismo. Se presentan con el nombre de una víctima y eso alcanza para que la sororidad se haga carne y nervio, angustia y dolor, amor y cobijo.
![]() |
| El trabajo de Esnal es central no sólo porque es autora de los relatos sino también por su tarea, una labor que se recuesta en las actrices Cecilia Cósero y Antonia De Michelis que despliegan una energía que desborda y trasciende la escena. A Piel de cordero se la puede catalogar como una obra que denuncia a una sociedad machista que naturaliza el maltrato, el abuso y el femicidio. Sin embargo, también es una producción artística que trata un tema que está en la agenda de gran parte de la sociedad, con las mismas palabras que utilizan las mujeres que son acosadas, sufren y mueren. Por eso el cimbronazo que tiene el espectador al escuchar, sin medias tintas ni tapujos, cómo es la vida de quien está en una situación límite, asediada no sólo por quienes la abusan sino también por un entorno hostil, una asistencia estatal ausente, la policía que siempre está del otro lado del mostrador con el dedo acusador y un sistema judicial que la pone como culpable de todos los males. seguir leyendo en elfurgón |


Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada