El pasado 7 de septiembre se cumplió un mes de gobierno del presidente Duque y, aunque es muy pronto para hacer un balance exhaustivo sobre el perfil que tendrá su gestión en los próximos cuatro años, ya se pusieron en evidencia algunas de las características de su liderazgo y de las líneas políticas. En la campaña electoral Iván Duque no logró derribar su imagen de novato y en estos treinta días, rápidamente, ha consolidado un perfil ecléctico, a medias entre el pragmatismo de Santos y el ultra-conservadurismo de Uribe.
Con un 37% de imagen positiva, 16% menos que hace un mes, sostiene una política ecléctica que le ha valido ataques del santismo, en especial de Cambio Radical y del Partido Liberal, y críticas del propio núcleo duro del uribismo. Expresa una continuidad en materia económica, en las relaciones internacionales y en la política de seguridad y defensa. Ésta, además, con algunos giros hacia el conservadurismo con la penalización de la dosis personal de droga y el regreso de la doctrina punitiva contra el campesinado cultivador de hoja de coca. Respecto al acuerdo de paz del Estado con las FARC, parece haberse decantado por el deterioro en la implementación iniciada en el Gobierno de Santos y dejar que las dificultades recaigan sobre la ex guerrilla, además de endurecer las líneas de negociación con el ELN.

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