diumenge, 2 de setembre del 2018

El fin de la humanidad


- A las pasadas víctimas les debemos justicia, a todos la verdad, ¿y al futuro? Al futuro le debemos que no haya nuevas víctimas

- Platovsky recordaba lo que su padre le dijo y que él nunca olvidó: “Me dijo ‘nunca te olvides de que cuando el Estado se organiza para asesinar personas, es el fin de la sociedad. Es el fin de la humanidad”


“Curiosa es la persistencia del hueso

su obstinación en luchar contra el polvo
su resistencia a convertirse en ceniza 
Un día la picota que excava la tierra
choca con algo duro: no es roca ni diamante 
es una tibia, un fémur, unas cuantas costillas,
una mandíbula que alguna vez habló
y ahora vuelve a hablar 
Todos los huesos hablan, penan, acusan
alzan torres contra el olvido
trincheras de blancura que brillan en la noche 
El hueso es un héroe de la resistencia” 



Este poema fue escrito por Oscar Hahn. Desgarrador no sólo para un chileno, sino para cualquiera que sepa de los horrores de fosas comunes, torturados, hechos desaparecer. En España o en Chile.

Porque el horror no conoce de fronteras físicas ni ideológicas: va de sur a norte y de izquierda a derecha.

Cerca de un nuevo 11 de septiembre, cuando se cumplirán 45 años del golpe de Estado, estos días en Chile han sido de intenso debate sobre derechos humanos, tal como a raíz de la exhumación de Franco, lo han sido también en España.

De alguna manera ambos, Pinochet y Franco, estuvieron hermanados no sólo por el horror de sus dictaduras. Augusto Pinochet fue uno de los tres Jefes de Estado (no digo presidente porque a ellos se les escoge con votos y no se les impone por las armas) que asistió al sepelio de Francisco Franco. Y a ambos se les rindieron honores a su muerte, claro que en Chile no con un funeral de Estado sino uno en la Escuela Militar donde asistió la ministra de Defensa de la época, Viviana Blanlot, y donde se le distinguió por parte del Ejército con el inexistente título de “Comandante en Jefe Benemérito”

Sin duda la historia devino muy distinta en España y en Chile. Mientras en Madrid los restos del tirano descansaban en un majestuoso mausoleo, acá Augusto Pinochet fue incinerado. Y sus cenizas quedaron privadamente guardadas en un fundo que fuera de su propiedad en Caleu.








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