La previsión de aumento de las exportaciones ha impulsado un sector cárnico dominado por la ganadería intensiva, a pesar de los problemas ambientales y sociales que genera.
La conveniencia de la carne y otros productos de origen animal en nuestras dietas es un tema que está saltando a las tribunas de actualidad de forma recurrente y no exenta de polémica. Algunas instituciones internacionales advierten de los riesgos para la salud derivados de su consumo excesivo, diversas organizaciones ecologistas abogan por reducirlo drásticamente e incluso el diario The Guardian, citando a la revista Science, afirmaba que dejar de comer carne sería la acción individual más eficaz para defender el medio ambiente
Comer carne barata producida de forma intensiva está provocando deforestación y especulación con la tierra cultivable, contaminación de aguas y la emisión de enormes cantidades de gases de efecto invernadero. El movimiento animalista, con cada vez más influencia social, trabaja para eliminar completamente estos productos de nuestra alimentación por motivos éticos. Más pragmáticos, los grandes inversores hacen cábalas sobre la llamada “carne de laboratorio” con el objetivo de aprovechar tendencias de mercado. Aunque el reciente informe de Greenpeace La insostenible huella de la carne en España, indica que nuestro consumo de carne está disminuyendo desde 2002, las estadísticas globales muestran la tendencia contraria. En los próximos años se espera un incremento muy elevado de consumo de carne industrial tanto en África como en Asia y Latinoamérica, lo que está generando una expectativa de incremento de las exportaciones en países productores como el nuestro.

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