Cuando nos envuelve la nostalgia escuchando Luna de Xelajú, la chirimía y el tum, o cuando nos maravillamos con los gigantescos barriletes de Santiago Sacatepéquez. Cuando los multicolores de las vestimentas de los Pueblos Originarios nos dejan sin voz, anonadados; de pronto nos entra un no sé qué muy parecido a un orgullo por la Guatemala multicultural. Es lo que exportamos: algo a lo que llamaron folclore.
Los Pueblos Indígenas son utilizados para eso, para ser el folclore de Guatemala ante el mundo. Esas vestimentas de los Pueblos Indígenas aparecen en mantas, servilletas, carteras, morralitos, manteles que nos llevamos en caso que nos vallamos a vivir al extranjero o regalamos en caso llegue visita del extranjero.
La marimba, ¿a quién no le ha emocionado la marimba? Tan propia, decimos, de los guatemaltecos. Las postales de niñas indígenas vendiendo pulseras o vestimentas de sus pueblos, las pinturas de paisajes del occidente del país, hechas por manos indígenas. Esa versión romántica de la Guatemala racista.
Lindas las postales de las niñas que en lugar de ir a la escuela venden en las calles de poblados turísticos. Qué importa que no vayan a la escuela, ¡las postales están hermosas!

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