La campaña electoral en Brasil ha estado contagiada de un clima enrarecido debido al conflicto político surgido tras el golpe contra la presidenta electa Dilma Rousseff y el posterior impedimento para que el expresidente Lula concurriera a las elecciones. A pesar de la centralidad de este conflicto y el de la enorme corrupción que ha afectado a políticos de todos los sectores en los últimos años, el deterioro de la economía es el otro gran tema que tendrá que abordar el próximo Ejecutivo que salga de las urnas.
La situación de la economía brasileña recuperó levemente la senda del crecimiento en el año 2017, a costa de las condiciones de vida de las grandes mayorías que han visto cómo, en los últimos años, ha empeorado su situación socioeconómica. Según los datos de la Fundación Getúlio Vargas, a finales de 2017 un total de 23,3 millones de personas vivían bajo la línea de la pobreza, lo que supone 6,27 millones más que a finales del año 2014 (un incremento del 33%). En total, 14,83 millones de brasileños vivían en el año 2017 con menos de 137 reales (unos 38,2 dólares) per cápita, según los datos tenidos por LCA Consultores y publicados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Ibge).

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