El fallo de la Corte Internacional de Justicia no resultó el que esperaban los bolivianos. Por mayoría, el Tribunal rechazó la demanda del país andino, que planteaba que Chile estaba obligado a negociar una salida soberana al mar. Tras la desazón inicial, comenzaron las previsibles revanchas políticas y la búsqueda de réditos.
Enmarcadas en una confrontación de larga data entre los gobiernos de Chile y Bolivia, las expresiones de Sebastián Piñera apuntaron a socavar la gestión de su par boliviano. La militancia diplomática de Piñera en contra de los gobiernos progresistas de la región encontró en la victoria judicial más herramientas para descalificar a Evo Morales. Sostuvo, básicamente, que éste había creado falsas expectativas entre la población -con la consecuente frustración, de la que sería responsable-, y que todo ello era resultado de la ambición política del presidente y de la falta de pericia diplomática de su Gobierno al decidir llevar el reclamo a la Corte[1].
Encuentros y desencuentros electorales rumbo a las primarias...

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