Días antes de resultar electo, Bolsonaro afirmó que el proceso de demarcación territorial en beneficio de las Comunidades Indígenas “atenta contra los intereses nacionales” y acusó a los Pueblos Originarios de “tener ya muchas tierras” y de pretender “armar Estados paralelos dentro del Brasil”. Además, Bolsonaro atacó directamente a las organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos indígenas. “El CIMI es una banda podrida de la Iglesia Católica” manifestó Bolsonaro en alusión al Conselho Indigenista Missionario (CIMI), un organismo con más de 30 años de trabajo, que tiene un funcionamiento similar al que en la Argentina tiene el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen, en cuanto al acompañamiento jurídico y territorial en las luchas de los Pueblos Indígenas.
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“No existe ninguna referencia que indique que algún Pueblo Indígena en Brasil quiera formar Estados paralelos. Lo que Bolsonaro intenta hacer es estigmatizar aún más a los indígenas, mostrarlos como enemigos, como grupos peligrosos. Las motivaciones de Bolsonaro tienen que ver con defender intereses privados que quieren quedarse con la tierra de los indígenas como viene ocurriendo” advierten desde CIMI.
La llegada al poder de Bolsonaro, viene a profundizar un contexto de por sí desfavorable para los Originarios en Brasil. Según los últimos datos de la Relatoría sobre Violencias contra los Pueblos Indígenas de Brasil, en el último año se constata un aumento sistemático en la violación de derechos humanos contra las Comunidades Indígenas. Los intentos de apropiación de territorio, por parte de agentes externos, son la principal causa
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