Entre 300 y 400 líderes y lideresas sociales han sido asesinados en dos años en Colombia, un país que se dice, o se quiere decir, en postconflicto.
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Juan Carlos Quintero y Oneida Giraldo, a su paso por Barcelona.
Optimismo, pragmatismo, determinación. Características que se antojan indispensables para ejercer la que, vistas las cifras, puede que hoy sea una de las actividades más peligrosas del mundo. Aún sin unos datos asumidos por todas las organizaciones que trabajan por eliminar esta lacra (la invisibilización y la impunidad en la que se comenten los crímenes es parte de ese riesgo), hablar de entre 300 y 400 líderes y lideresas sociales asesinados en Colombia es, en cualquier caso, un número inasumible para un país que se dice, o se quiere decir, en postconflicto. Dos años desde la firma de los Acuerdos de Paz, en los que cada dos días un hombre o una mujer ha muerto por intentar mejorar algún aspecto de su vida, por reclamar un derecho que el Estado no ha sido capaz de garantizar. Y así se mostraban Juan Carlos Quintero y Oneida Giraldo a su paso por Barcelona, en medio de la visita europea en la que están inmersos intentando trasladarnos parte de esa realidad tan cruda en la que desempeñan su labor.
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