El crecimiento económico es una niebla que oculta la realidad social y ambiental; por eso, la economía tradicional no puede hacer predicciones sin enfrentar equivocaciones. En las crisis del capitalismo, hasta suele observarse un mayor crecimiento en vísperas de la crisis. En el plano ambiental, se puede crecer a costa de liquidar el patrimonio natural. El crecimiento es una serpiente que se come la cola.
La economía tradicional no se conformó con ser la disciplina científica de las relaciones económicas. La economía observa la realidad y ve economía en todo, hasta se inmiscuye en los valores humanos. Su forma rara de razonar sería inadmisible en otras disciplinas o ciencias.
Se usa el PIB como indicador del bienestar, a pesar de que ya se ha comprobado que no sirve, por varios motivos. Primero, por comodidad, pues es más fácil utilizar un método generalizado, en vez de buscar nuevas opciones. Segundo, por intereses, al usar al PIB como indicador de bienestar, se ocultan las desigualdades sociales y ambientales. Tercero, por simplismo: se reduce un conjunto de variables a un solo indicador, que no es la síntesis de todas las variables. En cuarto y último lugar, porque la economía ha colonizado al resto de disciplinas y saberes.

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