La historia no por conocida deja de ser sorprendente. Corría el 1 de enero de 1959, cuando un grupo de jóvenes revolucionarios derrocaba por la vía de las armas al sanguinario dictador y títere de EEUU en Cuba, Fulgencio Batista. Se cumplía así, 100 años después de su nacimiento, el sueño de José Martí: una Cuba soberana e independiente dueña de su propio destino.
La triunfante Revolución se encontraría, no obstante, con un panorama desolador al que hacer frente desde sus inicios: una economía dependiente de los grandes monopolios norteamericanos, un sector agrícola basado en el latifundio y el monocultivo, inaccesibilidad a asistencia médica para las clases populares, crisis habitacional en las grandes ciudades, analfabetismo, generalización de enfermedades infecciosas curables en el medio rural… Y todo ello se agravaba con la huída de la oligarquía cubana (con los fondos del estado bajo el brazo) y de un amplio sector de profesionales cualificados.
El bloqueo se define, por el contrario, como “toda aquella medida que sirva para cortar, cerrar, incomunicar un terreno determinado con el exterior para lograr la rendición del sitiado por la fuerza o el hambre”.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada