En pleno enfrentamiento con un sector del capital financiero internacional y de grupos económicos privilegiados de los anteriores gobiernos neoliberales, AMLO busca una alianza con otros grupos empresariales que puedan dar estabilidad a los mercados financieros y evitar la continua depreciación del peso mexicano.
Con dicho fin ha decidido someter a consulta nacional –el próximo 23 y 24- la realización de un Tren Maya que conectaría la ciudad de Cancún con Palenque, Chiapas. Dicho megaproyecto cruza reservas ecológicas de valor ambiental y cultural estratégico, comunidades indígenas mayas y territorios en disputa entre la vida campesina e indígena y el impulso de proyectos turísticos de capital extranjero y monocultivos de palma africana y de soya
. Cualquier proyecto de infraestructura es un proyecto de poder.
Cuando el presidente Lázaro Cárdenas construyó presas y acueductos alrededor de los primeros ejidos campesinos y comunidades indígenas, indudablemente fueron obras que los beneficiaron.
Cuando Bolsonaro (Brasil) y Piñera (Chile) anuncian que reactivarán el tren interoceánico en América del Sur pues sonríen ampliamente los capitales trasnacionales ligados a los minerales y la exportación de soya y se entristecen los ambientalistas por la destrucción ecológica que viene.
¿A cuál proyecto de poder beneficia el Tren Maya que plantea AMLO en México?

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